BACARDÍ VS. HAVANA CLUB: UNA HISTORIA DE BLOQUEO

Durante casi un siglo la companía Bacardí había fundado un imperio ronero en Santiago de Cuba. La cana de azúcar cultivada en Cuba proporcionaba la materia prima –alcoholes y mieles- para destilar aguardientes y producir licores de la más alta calidad. Pero la otra parte de los negocios del clan Bacardí estaban comprometidos con la corrupta política cubana de los anos 50 y con el régimen que enlutó a la nación asesinando a 20 mil cubanos. Por esa razón, los duenos de Bacardí huyeron junto con la cúpula de la tiranía en 1959, retirando la marca y todos sus derechos de Cuba.

Havana Club, marca de rones cubanos propiedad de la familia Arrechavala, producida en el occidente del país y tradicional competidora de Bacardí, asumió el liderazgo internacional y la personalidad del ron cubano, el mejor del mundo, levantándose de la ruina y el abandono en que la dejaron sus antiguos propietarios, y del cerco y acoso que el bloqueo y la hoy companía Bacardí-Martini le tendieron desde todas partes del orbe, para imponer su elevada calidad y competitividad en un mercado mundial cada vez más exigente.

El necesario despegue del Havana Club necesitó financiamiento, tecnología y experiencia para conquistar mercados, todo lo que vino de la mano de la companía francesa Pernod-Ricard. El crecimiento de las ventas, el desplazamiento de Bacardí de los mercados, sus fallidos intentos de apropiarse de la marca, el compromiso de los directivos de la empresa con la ultraderecha conservadora estadounidense y con la mafia anticubana, sus cuantiosos aportes financieros a las campanas republicanas en la Florida, su participación en la gestión de la Ley Helms-Burton dieron lugar a esta historia del bloqueo.

BACARDÍ: MINIBIOGRAFÍA DE UN PIRATA

La Companía Bacardí-Martini ocupa una posición dominante en el mercado internacional del ron y realiza el 49 por ciento de las ventas de este producto en los Estados Unidos.

Su estrategia, de manera evidente, consiste en sacar a Havana Club International, S.A., del mercado de los rones, y en particular del norteamericano, al que podría acceder el producto cubano, una vez que las leyes de ese país lo permitan.

Sin pretender una enumeración exhaustiva de la campana realizada por Bacardí para lograr estos fines, el siguiente inventario devela la participación del Gobierno norteamericano en una ?nueva? Modalidad de acciones en contra de la Revolución y la economía cubanas:

1. Finales de 1993: La Companía Bacardí envía cartas amenazadoras a Pernod Ricard, con el objetivo de que renuncie a su proyecto de negociación con empresas estatales cubanas.

2. Junio de 1994: Bacardí trata de registrar en los Estados Unidos las marcas Little Havana, Old Havana, Havana Select, Havana Clipper, Havana Classical y Havana Primo. (En junio de 1998, el Trade Mark Trial and Appeal Board, de la Oficina norteamericana de Marcas, rechazó el registro de las últimas cinco marcas antes presentadas).

3. Julio de 1994: Galleon, S.A., filial de Bacardí en Bahamas, registra en los Estados Unidos la marca Havana Club, en detrimento de la registrada por Cubaexport en 1974.

4. Septiembre de 1995: Galleon, S.A., trata de obtener en la Oficina norteamericana de Marcas la caducidad de la marca Havana Club de 1974.

5. Desde principios de 1995 y 1996: Bacardí participa activamente en la concepción y redacción de la Ley Helms-Burton.

6. Principios de 1996: Bacardí comunica a las autoridades de los Estados Unidos falsas informaciones sobre intento de la Joint Venture franco-cubana de utilizar bienes que le pertenecieron antes de la nacionalización de 1960. Y trata de incriminar a Pernod Ricard (socio francés), por concepto de "tráfico" prohibido por la Helms-Burton.

7. Julio de 1996: Aun cuando sus registros de marcas (tratados en los puntos 2 y 3) no han sido aceptados por la Oficina norteamericana de la Propiedad Industrial, y esta última no se ha pronunciado sobre la solicitud de caducidad (tratada en el punto 4), Bacardí introduce en el mercado de los Estados Unidos un ron con la marca Havana Club, producido en Bahamas, y con una publicidad (Discover the flavor of old Havana) que agrava el riesgo de equivocación de los consumidores en cuanto al origen del producto.

8. Finales de 1996 y principio de 1997: Bacardí gestiona con los parlamentarios Helms, Burton y Torricelli la anulación de la autorización (en noviembre de 1995), relativa a la transferencia de propiedad de la marca Havana Club que hizo Cubaexport en favor de Havana Rum and Liquors, y de esta última a Havana Club Holding.

Estas acciones terminaron por producir la revocación en la Oficina de Control de Activos del Departamento del Tesoro (OFAC) de la autorización dada el 13 de noviembre de 1995.

9. Bacardí obtiene el apoyo de los congresistas Helms y Burton, quienes firman dos cartas a los senores Rubin (Departamento del Tesoro, 12/6/1997) y a Einsenstat (Departamento de Estado, 20/8/1997), de manera que la OFAC no autorizara una nueva licencia.
10. Bacardí se reúne con algunos miembros de la familia Arechabala, con el objetivo de adquirir los activos que decían tener de la antigua sociedad José Arechabala, S.A., que dejó de existir en 1960.

11. Finales de 1997: Se disuelve la antigua sociedad José Arechabala, S.A., y se crea José Arechabala International Limited, en Baduz (Liechtenstein).

12. Entre 1993 y 1998, Bacardí ha desarrollado una campana publicitaria para presentar su ron como un producto cubano.

13. Julio de 1998: Lanzamiento en Espana de un coctel a base de ron y de cola (bajo la denominación de Cuba Libre). Su comercial televisivo contiene imágenes de Santiago de Cuba en la década del 30, pero el producto promocionado no contiene ni una gota de ron cubano.

14. Octubre de 1998: Se inserta, en condición de particular clandestinidad, una enmienda de último minuto en la Ley del Presupuesto. El congresista Connie Mack, con el apoyo de Bob Graham, ambos de la Florida, retoma la propuesta del abogado de Bacardí, Ignacio Sánchez (21/5/1998), para que Estados Unidos rechace la protección de las marcas registradas que fueron adquiridas por el Gobierno cubano en el proceso de nacionalización.

DE CÓMO EL LADRÓN FUE DECLARADO INOCENTE...

Con la aplicación de la "Sección 211" de la Ley del Presupuesto por un Tribunal norteamericano y la violación de las normas internacionales sobre el derecho de la propiedad intelectual, las marcas y patentes, los Estados Unidos abren un nuevo capitulo en su historia de agresiones contra la Revolución cubana: la guerra de las marcas.

A inicios de 1999, antes de las audiencias finales del juicio contra la firma Bacardí, en la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York, alerté desde estas mismas páginas que Havana Club International, S.A., debería ganar el pleito, a no ser que las leyes norteamericanas aplicaran, una vez más, la máxima de Platón: "La justicia no es otra cosa que la conveniencia del más fuerte"(1).

Por aquellos días, Bacardí, acusada de producir y comercializar en los Estados Unidos un ron que falsamente se presenta como si fuese cubano, ya había emprendido una acción contra su demandante, insertando entre las 4 000 páginas de la Ley del Presupuesto la conocida "Sección 211", encaminada a anular la protección que los Tribunales norteamericanos están obligados a dar a la marca Havana Club dentro de ese país.

La "patente de corso", aprobada por el Congreso el 21 de octubre de 1998 (antes del juicio, pero después de haber comenzado el litigio) abría el camino para que la jueza Shira A. Schelndlin desestimara la acusación de Havana Club, atendiendo a que la nueva disposición establece, arbitrariamente, que "ningún tribunal de los Estados Unidos reconocer , hará cumplir o de otra manera validar una reivindicación de derechos" sobre marcas registradas y nombres comerciales en marcas que se usaron en relación con propiedades "confiscadas" por el Gobierno cubano.

Era de esperar que la mencionada "Sección 211" se aplicara de forma retroactiva y en detrimento de los principios elementales de la propiedad intelectual, de las marcas y patentes que se aceptan mundialmente, al tratarse de un producto cubano que fue registrado, desde 1974, en la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos (USPTO, según su nombre en inglés).

Lo que resulta realmente asombroso es que, en medio de la campana publicitaria lanzada por Washington para demostrar que está "flexibilizando" sus posiciones respecto a Cuba, la justicia norteamericana reafirma en su sentencia que "el bloqueo este vigente" y que "su fin es lejano", para no reconocer el argumento de los demandantes sobre un posible perjuicio comercial futuro: la intención de entrar en el mercado de los Estados Unidos, una vez que la ley lo permita, representa un "interés comercial previsto" que confirió a Havana Club capacidad para presentar su demanda.

En este sentido, la jueza Schelndlin no pudo preservar el proceso de la enraizada política anticubana de su Gobierno: "La posibilidad de los demandantes de entrar en el mercado estadounidense es muy remota en esta etapa como para conferirle la capacidad de actuar como parte demandante. Se reconoce que el bloqueo se disenó con efecto temporal. Sin embargo, a pesar de la difundida crítica del bloqueo, éste se ha mantenido por un período de más de 35 anos".

Y antes de hacer público el fallo a favor de Bacardí, estas fueron sus últimas palabras: "No cabe duda de que los demandantes persiguen un objetivo capitalista loable: la competencia justa y el aumento máximo de sus ventas y quizás, incluso, la protección de los consumidores estadounidenses. Sin embargo, su incapacidad para hacerlo en estos momentos, no obedece a las acciones de los demandados, por justas o injustas que éstas sean, sino a la determinación ejecutiva y legislativa de que el bloqueo contra Cuba continúa siendo un componente de nuestra política exterior".

La decisión del Tribunal deja abierto, casi inevitablemente, un nuevo capítulo en el diferendo entre Cuba y los Estados Unidos: la crisis de las marcas...

"Lista Cuba para vender Coca Cola"

?Qué sucederá si manana un periódico o una revista cubanos insertan este anuncio entre sus páginas? ?Cuál será la reacción de los duenos de la Coca-Cola? ?Cómo recibirán la noticia aquellos empresarios que han registrado sus marcas en la Isla?...

No es imposible que esto ocurra. Las acciones de Bacardí (amparadas por un Tribunal norteamericano) han puesto en peligro a más de 400 companías estadounidenses que tienen registradas marcas en Cuba. Se suponía que la Convención Inter-Americana de Marcas garantizaba el reconocimiento recíproco de las marcas entre los dos países. Pero el Tratado "sabe" por estos días a ron falsificado... Y eso cuesta.

La propiedad intelectual en la forma de software, películas y registro de inscripción se ha convertido en los últimos anos en eje principal de las exportaciones en los Estados Unidos, país que acaba de violar sus obligaciones de proteger la propiedad intelectual de otra nación.

Según la abogada Lynne Besresford, de la USPTO, "la nueva Ley muestra claramente el mensaje que los Estados Unidos quieren enviar al mundo (nosotros estamos ciertamente lejos de promocionar en la gente la protección de las propiedades internacionales)."

"La reacción a la enmienda de Bacardí -alertó Lynne- puede tomar varias formas: Cuba tiene derecho a interpretar la disposición como una abrogación de sus derechos bajo la Convención Inter-Americana de Marcas de 1931 de expedientar y mantener una marca en los Estados Unidos. En represalia puede argumentar que queda relevada de las obligaciones del Tratado de reconocer alrededor de 400 marcas norteamericanas registradas en Cuba, incluyendo Hilton, Coca-Cola y Palmolive..."(2).

Al respecto, en fecha tan temprana como el 8 de enero de 1999, Ricardo Alarcón de Quesada, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, advirtió que "marcas y patentes no existen sólo en un lado, y los derechos y atribuciones con respecto a estándares internacionales necesitan operar para todas las partes. En Cuba hay registradas marcas y patentes de companías de los Estados Unidos.

Sus duenos deben estar preocupados de que la imprudencia de un gobierno dé lugar a acciones que no pueden quedar sin respuesta".

Los temores del empresariado norteamericano comienzan a "desclasificarse" e integran ya los sumarios de importantes medios de prensa. El pasado 16 de abril, el Wall Street Journal se refirió en un artículo al "potencial diferendo que representa esta decisión para las relaciones Estados Unidos-Unión Europea", al tiempo que admitía la preocupación de algunos sectores, ante la posibilidad de que Cuba tome represalias contra companías con marcas registradas en la Isla.

No es casual que Leon Brittan, comisario de política comercial de la Unión Europea, en su visita de la pasada semana a Washington, tuviera entre sus objetivos el de discutir el tema con el secretario del Tesoro Robert R. Rubin y la secretaria de Estado Madeleine Albright. Desde inicios de ano, Jacques Dondoux, secretario de Estado de Comercio Exterior francés, había pedido la intervención de Brittan, para que Pernod Ricard (el socio comercial cubano) no fuera perjudicado (3).

En octubre del pasado ano, Cuba Business, con redacción en Londres, advirtió a la Unión Europea sobre las consecuencias del litigio: "El senador Connie Mack (4) enfiló a la promulgación de la Sección 211 apuntando a la Pernod Ricard. Con el propósito de arruinar o estropear su negocio, Bacardí, que abandonó Cuba después de la Revolución, lanzó una nueva marca de ron en los Estados Unidos con el nombre de Havana Club. La firma francesa objetó ante las cortes el derecho de Bacardí! de usar el nombre de la marca, lo que es seguro que acentuará la controversia si se extiende la influencia de Bacardí con la enmienda del senador Connie Mack".

La aplicación de la "Sección 211" por un Tribunal norteamericano, y su carácter extraterritorial, han provocado una rápida reacción del Gobierno francés. Fuentes acreditadas en Washington anunciaron que el director de Cancillería del país galo, a cargo de este tema, viajar a los Estados Unidos esta semana, para discutir el asunto y pedir la realización de un panel por la Organización Mundial de Comercio (OMC) (5).

El fallo de la corte de Nueva York, el pasado 13 de abril, no hizo otra cosa que validar la sentencia de Ricardo Alarcón: "Los Estados Unidos están a punto de complicarse un poquito más en sus relaciones con el resto del mundo y crear un precedente negativo".

De cómo Bacardí se pasó de tragos

El juicio ha terminado, pero no su historia.

Bahamas, otono de 1995. Bacardí-Martini, consciente de que el bloqueo impide a Havana Club International la comercialización de sus productos en los Estados Unidos, comienza a distribuir un "nuevo" ron en ese país. Su etiqueta de presentación, una vistosa foto del Malecón habanero, lleva el nombre de Havana Club, mientras que su campana publicitaria usa el siguiente slogan: "Descubra el sabor de La Habana Vieja". Para empezar, 16 cajas de prueba. En 1996 la cifra se eleva a 906. Termina acusado de fraude...

La creación de Havana Club Holding, S.A. (HCH), había constituido, sin dudas, una amenaza de competencia para Bacardí. El ron cubano, reconocido en el mundo como un producto superior, necesitaba de la experiencia de un socio extranjero para mercadear su producto internacionalmente. Surge así el convenio asociativo entre Pernod Ricard (con filiales en más de 90 países y con posiciones avanzadas en el comercio de whisky, cognac, vinos, aperitivos, licores, ginebra, sidra y refrescos como Orangina) y la companía cubana Havana Rum and Liquors, S.A.; cada una con el 50 por ciento de HCH.

Cuando Pernod Ricard entra con su socio cubano en el negocio global del ron, la competencia del mercado (por mucho tiempo estable) comienza a convertirse en un juego peligroso: cada botella de Havana Club vendida en el comercio internacional representa una botella menos a vender de Ron Bacardí.

De acuerdo con un artículo del Miami Herald (27 de marzo de 1995), "la industria de destilerías ha venido declinando por anos. El tequila, el vodka y las bebidas saborizadas se están abaratando, mientras que las ventas de Bacardí en el mercado mundial cayeron de 22 900 000 cajas, en 1990, a 20´000000 en 1993". Y la curva siguió descendiendo...

Las ventas de 1´000000 de cajas de Havana Club en 1998 y el registro de la marca en 160 países convirtieron a HCH en un peligroso competidor. Es irónico que la companía que ha empleado el proceso legislativo norteamericano (primero con la Ley Helms-Burton y ahora con la "Sección 211" de la Ley del Presupuesto) no sea una corporación de los Estados Unidos. Sus contribuciones financieras a las campanas políticas y las ventas del ron que produce en México, las Bahamas y Puerto Rico, son sus únicas conexiones con el país que los absolvió de cargos.

En cuanto al verdadero dueno de la marca, HCH pudo probar en el proceso que Havana Club nunca fue propiedad de la firma Bacardí, sino de José Arechabala, S.A., quien lo produjo en Cuba hasta 1960. A partir del triunfo de la Revolución, la mayoría de los accionistas de esa companía emigraron a Espana, desatendiendo su registro de marca, tanto en Espana como en República Dominicana, incluso antes de ese momento.

En 1974, siguiendo el abandono de la marca Havana Club, la empresa cubana Cubaexport solicitó inscribirla y logró su registro en los Estados Unidos (No. 103165). Los antiguos accionistas de la Companía Arechabala no pudieron oponerse por haber prescrito el derecho a establecer ninguna reclamación sobre el registro del Havana Club en la USPTO.

Fue solamente después de la formación de la asociación de empresa (Joint-Venture), en 1993, que los antiguos duenos, instigados por Bacardí, se interesaron por una marca sobre la cual habían perdido el derecho, según las propias normas legales de los Estados Unidos.

Proyecto para un memorandum

(A las companías de los Estados Unidos con marcas registradas en Cuba).

Al emitir su fallo ante la Corte de Nueva York, la jueza Shira A. Schelndlin hizo énfasis en que "ha quedado bien establecido que el Congreso puede aprobar una ley, que efectivamente suprima derechos de los que las partes habrían gozado previamente con arreglo a obligaciones contraídas en virtud de tratados concertados por los Estados Unidos. Una ley del Congreso este en paridad plena con un tratado, y cuando un estatuto, que es posterior en tiempo, no esté en armonía con un tratado, el estatuto anula el tratado".

De acuerdo con esta manera de repartir justicia, Cuba bien podría crear una ley que anule el tratado que ampara a las 400 marcas estadounidenses registradas en la Isla.

La promulgación de la "Sección 211" es, simplemente, el último episodio de la campana de Bacardí, companía que ha utilizado el sistema judicial de los Estados Unidos para obtener una ventaja competitiva sobre un rival comercial.

Las recientes acciones, incluyendo el fallo en el juicio, no afectan sólo a Havana Club. Ellas ponen en peligro a todas las marcas de companías estadounidenses registradas en Cuba y podrían crear un caos en todo el sistema internacional actualmente vigente, el cual implica a Europa y América Latina.

Los danos no terminaron en el Tribunal. La última pérdida puede ser la de todos los norteamericanos que se benefician con la aplicación de las normas internacionales sobre la propiedad industrial. Las mismas que han sido burladas, groseramente, por el Gobierno de los Estados Unidos. Veremos qué ocurre...

 

Notas:

(1) A Bacardí le hace dano el Havana Club, en Granma, enero de 1999.

(2) En Cuba News, noviembre de 1998.

(3) Havana Club pugna por su cubalibre, Mauricio Vicent, El Pa!s, 10 de enero de 1999.

(4) Connie Mack ha contado con el apoyo de su colega Bob Graham, ambos son senadores de la Florida.

(5) El 23 de abril de 1999, Havana Club Holding anunció su decisión de apelar el fallo emitido el pasado 13 de abril por la Corte Distrital para el Sur de Nueva York.